Marta, un ejemplo muy especial

15/02/2016 | María Eugenia Iparragirre

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Marta, un ejemplo muy especial

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“Un diagnóstico como el del cáncer en un hijo genera siempre un impacto emocional sensible. Pero créame que pasados unos días, cuando los padres son conscientes de que disponemos de los medios adecuados y de que las posibilidades de supervivencia son muy altas, acaban pisando suelo y viendo la situación de forma diferente”.

Así hablaba el jefe de la Unidad de Oncología y Hematología Pediátricas del Hospital de Basurto, José María Indiano Arce, acerca la realidad del cáncer infantil. También añadía: “El cáncer en niños está más cerca de la esperanza que del drama”. No me atrevo a decir que Kotte y Junkaltxo acabarán viendo la situación de forma diferente, tras recibir aquel mazazo, aquella terrible y, añado, injusta noticia sobre su hija Marta.

Marta es un angelito que dios nos ha entregado para emprender tantas y tantas vivencias. Y es que también en esta etapa de su vida nos ha regalado toda una lección de Vida. Marta siempre ha sido especial, y no por ser una persona con Síndrome de Down, sino por su personalidad, por su ánimo, por su empeño y por su alegría. Por todo ello, cuando la vida le colocó hace ya unos meses la dura prueba de afrontar la leucemia, nuevamente aprobó. Y con nota.

Hoy, 15 de febrero de 2016, conmemoramos el Día Internacional del Cáncer Infantil. Un día con el que se busca sensibilizar y concienciar sobre la importancia de los desafíos a los que se enfrentan los niños, adolescentes y sus familias ante esta complicada tesitura; una jornada para visibilizar la necesidad de que todos los niños y niñas, en cualquier lugar del mundo, tengan acceso a un diagnóstico y tratamiento preciso y a tiempo.

Por eso hoy, hago un parón y escribo unas líneas en homenaje a Marta. Porque ella ha sabido, como no lo hubieran hecho muchos adultos, hacer frente a este drama y convertirlo en esperanza; como decía el jefe de la Unidad de Oncología. Ella ha sabido dar fuerza para seguir adelante a sus aitas, a su hermana, a toda su familia. Ella ha sabido devolver con su especial encanto todo el agradecimiento de sus familiares a todo el equipo del Hospital Donostia que le han tratado con tantísimo cariño.

Marta es especial, sí, se hace querer; nos ha hecho llorar de risa tantas veces como de tristeza cuando la hemos visto pochita, bajita… pero siempre con ánimo. Con ánimo para charlar, para escribir, para pintar, para preparar y ordenar partituras de Navidad, para cantarnos desde el balcón un bertso de Dios te Salve, a pesar de llevar la mascarilla…

Marta es especial. Por eso, la esperanza que ella nos traslada hace que cada día sus familiares y quienes le queremos podamos ver la situación de forma diferente. Y así es Marta: diferente y especial. ¡No cambies nunca Martita!