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Un tablero que no está para juegos

20/02/2016 | María Eugenia Iparragirre

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Un tablero que no está para juegos

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Hoy es día 20 de febrero. Ya está aquí, aunque en el calendario que tengo sobre la mesa (cuyo patrocinador no voy a desvelar, que se puede enfadar) una errata lo haya eliminado (aparecen consecutivamente dos días 21). No se trata de ningún día especial; San Eleuterio. Solamente lo cito porque se cumplen ya dos meses desde que la ciudadanía eligió en las urnas quiénes seríamos sus representantes en los Cortes Generales y aún seguimos sin Gobierno. Y sin vislumbrar un acuerdo para formarlo.

Estamos viviendo, sin duda, un momento histórico. Inédito en lo político, debido a la pluralidad de fuerzas en el Congreso, y de total incertidumbre, precisamente debido al inusitado desequilibrio que ello produce. Así pues, lo más reseñable o lo que debiéramos de extraer como conclusión de estos últimos 62 días en la política española es la poca y en algunos casos nula capacidad para llegar a acuerdos. En ocasiones, ya no para alcanzarlos, sino ni tan siquiera para plantear la búsqueda de los mismos.

Al igual que los adolescentes de hoy en día, que hablan a través de chats o grupos de whatsapp en lugar de hacerlo en cuadrillas, como lo hemos hecho siempre los de mi generación, o que divulgan todas y cada una de sus andanzas cámara en mano vía Facebook o Instagram, en lugar de disfrutar plenamente de las experiencias; al igual que ellos, los políticos ya ni se sientan cara a cara para trasladar uno a otro sus propuestas: lo hacen a través de las cámaras de televisión y a unos periodistas bajo la fórmula de la rueda de prensa.

¿Qué se busca, el acuerdo o la foto? ¿La resolución de este complicado escenario o  presencia mediática?

Me resulta difícil de entender que sea en estos aspectos de imagen donde se centre la atención y el tiempo de quienes tienen la responsabilidad de formar un Gobierno cuando hay tantos y tantos problemas de importancia por resolver, y a los que hay que buscar una solución cuanto antes. Porque no podemos olvidar que los afectados por esos problemas son esos ciudadanos y ciudadanas que hace ya dos meses que cumplieron con su responsabilidad cívica, y no sería serio que la incapacidad por parte de los políticos para llegar a acuerdos fuera tal, que ello conlleve que deban volver a ejercer su voto.

¿Con qué cara nos dirigiremos a ellos? ¿Cómo les trasladaremos que su voto no ha servido para nada? ¿De qué manera les motivaremos para acudir de nuevo a las urnas? ¿Se les puede garantizar que así se resolvería el desacuerdo que ahora mismo existe?

Quienes han perdido la supremacía absoluta parecen no haberse dado cuenta de ello y siguen actuando con despotismo; quienes hablaban en campaña de nuevas formas de hacer política han entrado en ella activamente con un amplio respaldo popular pero mostrando la misma actitud prepotente que antes criticaban a los partidos tradicionales.

EAJ-PNV es un partido tradicional; viejo, si quieren, porque nació hace 120 años, pero que se ha sabido renovar, y ningún recién llegado nos podrá enseñar a alcanzar acuerdos entre diferentes; los vascos y vascas hace tiempo que venimos haciéndolo, recientemente para llevar el cambio a Navarra. Pero parece que en la sociedad española hay serias dificultades para ello; no hay tradición. Para lograrlo hace falta voluntad; voluntad clara de llegar a acuerdos, con un objetivo claro. Y ello no parece ser lo que priorizan los diferentes líderes de los partidos políticos con posibilidades de formar Gobierno en España. Déjense ya de “postureos” y de actuar para la foto y sean más responsables con el cometido que tienen entre manos.

Todos hemos visto ya los calendarios con los días 2 y 5 de marzo marcados en verde; con el 2 de mayo, en ámbar; y con el 26 de junio, en rojo. Un hipotético calendario de investidura o de nuevas elecciones que parece simular un tablero de juego de estrategias que, sin embargo, se olvida de subrayar unas fechas que no borrará errata alguna y en las que a los ciudadanos les seguirán llegando, inexorablemente, sus facturas. Y eso, para muchos hoy en día, no es ningún juego.

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