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Luz que ahuyenta la injusticia

01/03/2016 | María Eugenia Iparragirre

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Luz que ahuyenta la injusticia

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“El reconocimiento a las víctimas es parte del proceso de enfrentar las consecuencias del terror y la violencia política en la sociedad. Durante décadas las víctimas de las que habla este informe han permanecido en el olvido. Sus historias, experiencias y dolores no han sido tenidos en cuenta”.

El anterior párrafo es una buena manera de comenzar el Avance del Informe final de la Comisión de Valoración de Víctimas de vulneraciones de Derechos Humanos 1960-1978. Lo mismo que supone un buen comienzo en el proceso de reparación de las víctimas no reconocidas de violaciones de derechos humanos la jornada que se llevó a cabo el pasado día 20 de febrero en el Foyer del Kursaal en Donostia y en el que nos reunimos más de 200 personas para realizar y analizar propuestas encaminadas a este objetivo.

Se trató de un acto emotivo, como no podía ser de otra manera cuando estamos hablando de algo tan personal y tan íntimo como lo es, paradójicamente, el compartir con otros, personas ajenas y en público, lo vivido o lo perdido hace tantos años. Hablamos de relatar sucesos, experiencias y dolores que no han sido tenidos en cuenta; sucesos que incluso han sido justificados o minimizados gracias al amparo de una dictadura y de un imperfecto proceso de reconciliación que ha supuesto el olvido de sus muertos, de sus heridas o del sufrimiento a lo largo de sus vidas.

No hay duda de que compartir estas experiencias tan profundas, duras y con graves secuelas personales que perduran aún  les reconfortó, o al menos así lo percibí en las víctimas que compartieron mesa conmigo. La necesidad que tenían de ser escuchados era impresionante; únicamente la escucha les supuso una gran compensación personal. ¿Tan difícil era haberlo podido realizar antes?

Asimismo, me sorprendió la nula necesidad de venganza que mostraron en sus relatos. Trasladaban sus vivencias con serenidad, únicamente querían ser escuchados, reconocidos, no seguir en el olvido. Ya lo dijo Martin Luther King: "La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad, sólo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar el odio, sólo el amor puede hacerlo". Poder sacar a la luz sus relatos evidenció su ausencia de odio y de rencor.

El reconocimiento público e institucional es necesario; estas personas, estos heridos y damnificados encaminan su labor, en ocasiones asociativa, a lograr Justicia, Verdad y y Reconocimiento. Tal y como se ha aceptado con humildad, este reconocimiento es necesario por razones éticas, democráticas y de convivencia  y poner un poco de luz donde hubo oscuridad".

Para finalizar, hago mías las palabras del Director de Paz y Convivencia del Gobierno Vasco, cuando en la jornada de la semana pasada opinó que el reconocimiento “es necesario para una normalización de la convivencia y construcción de una memoria crítica del pasado”. Jonan Fernández también añadió que “los derechos humanos son indispensables. Violarlos es una injusticia, y repararlos y reconocerlos es un acto de justicia. La injusticia es oscuridad, y aquí buscamos la luz”.

 

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