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Nada hay nuevo bajo el sol

21/03/2016 | María Eugenia Iparragirre

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Nada hay nuevo bajo el sol

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Recuerdo que en el colegio nos enseñaron que la primavera comenzaba cada 21 de marzo; tal como hoy. Sin embargo, estos cambios de estación nunca ocurren en la misma fecha, ya que el ciclo solar dura 365,25 días y es necesario ajustar nuestro calendario un día cada cuatro años; lo que viene a ser el bisiesto, como este 2016. Por eso, esta vez la primavera llegó ayer, 20 de marzo, a las 04:30 de la mañana.

Llevo ya varios post en los que he aprovechado los hitos de los dos meses desde las elecciones generales o de la celebración del primer pleno del Senado para recordar (por si hubiera alguien que no lo supiera) que el Estado español sigue sin Gobierno. Hoy lo haré tomando como referencia temporal las estaciones del año, porque, por si no lo recuerdan, era aún otoño cuando se celebraron las elecciones a Cortes Generales; es decir, se nos ha ido todo el invierno con unos candidatos lanzándose mutuamente bolas de nieve y con otros levantando un muñeco tan inconsistente que se derrite con el más mínimo rayo de sol.

En los equinoccios, tanto el de primavera como en el de otoño, el día tiene una duración igual a la de la noche en todos los lugares de la tierra debido a que los dos polos terrestres se encuentran a una misma distancia del sol, así la luz se proyecta por igual en ambos hemisferios. Viene a ser algo así como los equilibrios que existen hoy en día entre los bloques de partidos. Ese día, el sol alcanza el punto más alto en el cielo con relación a la tierra, es decir, a 90 grados de inclinación, justo donde en los gráficos en semicírculo que se emplean para reflejar los resultados electorales se sitúa la bisectriz que marca dónde se situaría la mayoría absoluta; cénit que, hoy por hoy, ningún acuerdo entre partidos llega a alcanzar.

A partir de hoy, ese grado de inclinación del sol variará, y en el hemisferio norte los días irán ganando minutos a las noches (proceso que se desarrollará de manera inversa en la mitad sur), aunque vista la evolución que se registra en el hemisferio político del Estado, parecería que el planeta hubiera detenido su movimiento de traslación, porque los partidos llamados a tener responsabilidades en la formación de Gobierno siguen inalterables. En permanente equinoccio.

En mi opinión, antes del 2 de mayo algún movimiento facilitará la formación de un Gobierno; multicolor, como el mes de mayo, como el que la ciudadanía ha requerido. De hecho, si nada cambiase, una nueva estación transitaría hacia una vía muerta y tras el solsticio de verano vendrían unas nuevas elecciones tras las que, lejos de que la diferencia entre la duración del día y la noche fuera la mayor del año, todo apunta a que el equilibrio de bloques seguiría permaneciendo inalterable en la esfera política; el mismo equilibrio que existe hoy, con la llegada de la primavera, e igual que el que existía tras el 20 de diciembre, entonces a las puertas de un invierno que parece no tener fin y en el que muchas personas siguen a la intemperie, a la espera de que les alcancen los rayos de sol.

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