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Esker mila, Ametsa Gazte

31/10/2016 | María Eugenia Iparragirre

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 Esker mila, Ametsa Gazte

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Necesitaba reconciliarme con mi alma. Tras la semana madrileña y después del Pleno de investidura del sábado, no podía perder la oportunidad. Lo vi anunciado en la prensa local en la mañana de ayer y decidí acudir.

Debo reconocer que la combinación era muy atractiva para mí: ir a mi ‘cole’, al Colegio "El Pilar" de la Compañía de María de Irun, y a qué, y a escuchar música coral de la mano de Ametsa Gazte. Era muy atractivo. Pero cuando he decidido ir no imaginaba ni por asomo la oportunidad de disfrutar que me esperaba.

Cuando todavía tenía el nudo que se me puso en la boca del estómago durante el Pleno de Investidura, me han bastado los primeros acordes escuchando a los jóvenes del Ametsa para empezar a emocionarme.

La música es magia, la música nos transporta, la música me resulta necesaria... y una vez más he vuelto a comprobar lo importante que es para mí: ha sido toda una terapia compartir el concierto.

Reconozco que las emociones negativas que se vivieron en el transcurso del Pleno, así como el descontento en modo de manifestación que se escuchaba fuera del Hemiciclo, han sido, de alguna manera, liberadas en cuanto las notas han invadido la capilla del colegio El Pilar.

A partir de ahí, cada canción, cada acorde, cada armonía, me trasladaba el pensamiento a lo mismo, a la dificultad que observé en su mayor modo de crueldad en el transcurso de los debates en el Congreso. A la dificultad de respetar a los diferentes. Y en el mundo de la música me vino a la mente una combinación de ambos pensamientos.

Hace ya unos cuantos veranos, algo más de una década, tuve el privilegio, la oportunidad de hacer una gira por el Estado español junto con el resto del Orfeón Donostiarra y la orquesta West Eastern Divan. Me maravilló, y la traigo a colación puesto que reúne los dos términos de mi reflexión: música y relación entre diferentes.

Esta es una orquesta formada por músicos palestinos e israelíes; uno de sus objetivos es "promover el espíritu de paz, diálogo y reconciliación fundamentalmentalmente a través de la música “. No es únicamente un proyecto musical, es también un foro para el diálogo y la reflexión sobre el problema Palestino-Israelí.

Este proyecto aspira a representar un importante papel en la superación de diferencias políticas y culturales entre los países representados en el taller. Dentro de este modelo, una orquesta se presta como buen ejemplo de democracia y convivencia civilizada; desde sus inicios, ha demostrado que la música es un instrumento útil para romper barreras que hasta ahora eran infranqueables.

Y este fin de semana, al escuchar la música y teniendo aún las emociones y sensaciones que viví en el Pleno, me ha venido al recuerdo esta experiencia vivida cantando con esta orquesta. ¿Habrá que llevar la música al hemiciclo?

"No se puede ser tan joven y tener tanto odio. Al Congreso se viene a trabajar y no a falsear la historia. La gente joven tiene que vivir de la esperanza, no del odio y el rencor." Así intervenía la diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas. El escucharle me emocionó, lo reconozco, ayer leía a una mujer amiga mía decir que Oramas es la mayor de diez hermanos y que, como mi amiga lo es de doce, sabe que ello ha debido tener influencia en el talante y las palabras de la diputada."Ser mujer y la mayor de una familia numerosa te hace ser paciente, comprensiva y solidaria" dice .

Escuchando la música que los jóvenes del Ametsa nos han ofrecido me ha venido todo esto a la mente. Hagamos política desde el respeto al diferente, busquemos acuerdos, defendamos nuestros argumentos sin descalificar al otro, contra argumentemos y no insultemos. Menos odio y más respeto. Superemos las diferencias políticas como lo planteaban en la Orquesta West Eastern Divan.

Cuando el director de Ametsa nos invitaba a escuchar la obra que iban a interpretar y a pensar en lo que la Guerra Civil nos hacía sentir sobre lo vivido y sobre lo que no hubiéramos querido que se viviera, la emoción ha vuelto a apoderarse de mí. Hagamos política, política entre diferentes y para diferentes, pero hagámoslo desde el respeto. Si no somos capaces, estamos ante un problema y que derivará en alguno peor aún.

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