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Aporofobia. El diagnóstico

12/01/2018 | María Eugenia Iparragirre

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Aporofobia. El diagnóstico

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“Izena badu, bada”. Como resume este dicho en euskara, todo lo que tiene nombre existe. No hacía falta ninguna palabra para que, lamentablemente, existiera en nuestra sociedad miedo o rechazo a los pobres, aunque el reciente reconocimiento del término Aporofobia para definir esa aversión nos coloca ante el espejo de nuestra falta de solidaridad, bondad y  empatía con quienes han sido menos afortunados. Sea por las circunstancias que sea. Y eso me preocupa.

El neologismo que la  Fundación del Español Urgente, Fundeu, ha elegido como palabra del año 2017 nos facilita separar el grano de la paja; discernir entre racismo o xenofobia, que es odio al extranjero, con la repulsión hacia las capas más bajas de la sociedad; que no es lo mismo. Porque, de hecho, no es necesario que se dé la primera circunstancia para que se dé la segunda; es decir, también dentro de las fronteras del Estado español nos podemos encontrar con potenciales objetivos de nuestra fobia. Solo basta con repasar el indicador de personas en riesgo de pobreza o exclusión social en España, que se sitúa en niveles muy superiores a 2009 y a la media europea. La población con bajos ingresos ha aumentado en los últimos años de un 19,8% en 2008 hasta un 22,3% en 2016.

¿Qué se puede esperar, entonces, al respecto de la acogida de los refugiados que huyen de países que se encuentran en guerra, a quienes a su condición de desfavorecidos se le une la de ser extranjeros? Es llamativo comprobar cómo el Gobierno central tarda hasta un año en resolver las solicitudes de asilo, muchas de ellas, además, con un porcentaje sensiblemente más alto de rechazo que en el resto de la Unión Europea.

Paradójicamente, el termino aporofobia ha accedido al diccionario de la RAE casi al mismo tiempo que la Agenda 2030 lo ha hecho en las agendas de todas la políticas públicas. Una agenda que, si algo tiene como objetivo, es llevar a cabo un desarrollo sostenible en todos los ámbitos para, precisamente, no dejar a nadie en el camino, y que gira entorno a cinco ejes centrales conocidos como las 5P: Planeta, Personas, Prosperidad, Paz y Partnership (Alianzas) y que marcan la línea en la que deberían ir las políticas públicas. Parece que algo no encaja.

Decía al principio que todo lo que tiene nombre existe, y está bien tener conciencia de que el odio al pobre es una realidad, tanto como es necesario saber qué enfermedad nos aqueja para poder tomar las medidas oportunas para sanarla. Es por ello que los políticos tenemos que legislar y tomar decisiones para tratar de desarrollar una sociedad libre y solidaria que erradique la pobreza haciendo que la palabra del año 2017 aparezca pronto en el diccionario como un término en desuso.

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