La cara del hambre

29/10/2018 | María Eugenia Iparragirre

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La cara del hambre

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En muchas ocasiones, me he referido al riesgo que tiene que, desde el Senado, legislemos sin la proximidad necesaria para con quienes se verán afectados por nuestras decisiones. Hoy, en la sede de la Cámara Alta estamos asistiendo a la primera Cumbre Parlamentaria mundial contra el Hambre y la Malnutrición y, entre nuestras corbatas, trajes y vestidos, de más de un centenar de parlamentarios y parlamentarias de más de 80 países, me ha venido a la memoria la experiencia en Etiopía que me contó una amiga; la de unos padres que daban en adopción a su hija por el único motivo de que no la podían alimentar. Es un ejemplo que nos abre los ojos ante un problema que, en ocasiones, contemplamos como algo lejano.

Esta dolorosa historia me ha hecho ser aún más consciente de la importancia que tiene nuestra labor en los parlamentos, una labor que más allá de la dicotomía entre gobierno y oposición, de izquierdas o derechas, de partidos nuevos o tradicionales, afecta a lo más básico que puede existir y que no es otra cosa que la lucha entre la vida y la muerte. Actualmente, una de cada nueve personas en el mundo está subalimentada, alrededor de 815 millones de personas; muchos de ellos tiene problemas de crecimiento y desarrollo, y gran parte, desafortunadamente, mueren.

Se está debatiendo sobre las propuestas que existen para superar los retos de acabar con el hambre y la malnutrición en el marco de la Agenda 2030: 'Hambre Cero'. Este es el objetivo número 2 de esta Agenda: poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible. No voy a desgranar aquí todos los propósitos que quedan enumerados en este objetivo concreto, ni en los otros 16 de los que se compone esta estrategia global y que abarca múltiples ámbitos con el objetivo final de no dejar a nadie en el camino; sin embargo, he considerado oportuno recordar esta dramática experiencia en Etiopía para colocar ante nuestros ojos la verdadera cara, los verdaderos protagonistas, de este drama para que desde las instituciones seamos conscientes de la repercusión que tiene que en las políticas públicas apliquemos ciertas medidas o no lo hagamos, en que una niña viva o no lo haga.

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